Vivimos en la era de las comunicaciones, en un mundo inmenso que se hace más pequeño cuando cogemos un avión que va a casi 1000 kilómetros por hora. Un email, un sms, twitter o una simple nota en nuestro muro de facebook deja una huella digital de dónde estamos, o de qué hacemos. La tecnología ha cambiado el mundo y relativizado las barreras en tan solo unas décadas, a tal punto que para un habitante de hace 100 años seria casi irreconocible. Nosotros le miraríamos con extrañeza, como si hubiésemos descubierto a un habitante de una remota civilización primitiva. Sería como la llegada de Hernán Cortes a Tenochtitlán, cinco siglos atrás.
Por ejemplo, ahora escribo esta entrada desde mi viejo Toshiba de hace 7 años. Hoy podría ser considerado toda una reliquia digna de un museo de informática. Me imagino que estaría en una vitrina con una placa que rezaría algo así: “aquí podéis observar cómo era un ordenador portátil cuando aun no eran portátiles”. Bromas aparte, me sirve, cumple con lo que necesito, y deseo exprimirlo un poco más. No quiero dejarlo aún, el nunca lo haría…
Lo cierto es que queramos o no, todo cambia, está en constante mejora, se reinventa y nacen nuevos paradigmas sin haber asimilado lo presente. Esta es la sociedad acelerada en la que vivimos. ¿Qué sucederá dentro de unos años?, ¿Dónde está el límite?, ¿Existe?
Mientras tanto el tiempo no se detiene. A veces lo medimos por los grandes cambios de nuestra vida (¿te acuerdas cuando la tele era en blanco y negro?, ¿cuando compramos el primer ordenador?….) El tiempo pasa inexorablemente por nuestras vidas, deja marcas en nuestras mentes, en nuestros corazones, y también en nuestra piel.
Me gustaría pensar que lo superfluo no cubre las cosas esenciales de la vida, que una conversación de Messenger con emoticones nunca será mejor que una conversación los ojos desnudos.
No digo que rompamos nuestros teclados o que usemos nuestros monitores como marcos de fotos. La tecnología derriba distancias y pone en contacto a los que están lejos. Hace unos minutos he dejado a unos familiares en el aeropuerto, vuelven a su hogar a miles de kilómetros de aquí. Hace unos años estas distancias serian mucho más difíciles de sobrellevar, pero hoy podemos estar en contacto con facilidad. Soy partidario del uso, pero no del abuso. Hay muchos que están atrapados, que son verdaderos adictos de Internet, y a las tecnologías de información.
La tecnología está allí. Que todo esto sea una evolución o una involución dependerá de nosotros y del uso que hagamos de ello. Dios nos llama constantemente a ser temperantes, a controlar todo cuanto hacemos, no sea que descuidemos lo que de verdad importa, y nos demos cuenta cuando sea tarde.
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” 1ª Corintios 6:19, 20
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