Podría ser un tema bastante difícil de explicar, pero no me extenderé mucho. Siempre me llamó la atención el humanismo; su idea de colocar al hombre en el centro de todo, y así solucionar los problemas más acuciantes que nos ahogan como sociedad y como individuos. En un principio el humanismo no estaba desligado de la religión, sin embargo el humanismo que impera hoy es laico.
Muchos han sido los autores que han construido estas ideas desde el renacimiento. Entre mi biblioteca se encuentran los libros de Antoine de Saint-Exupéry, uno de esos hombres totales que de vez en cuando arroja la historia: pionero de la aviación, inventor, escritor y periodista que murió en un vuelo de reconocimiento hacia el final de la 2ª Guerra mundial. Sin embargo todos le recuerdan por ser el escritor de “El Principito”; esa obra de corte infantil pero con una profundidad que nos hace reflexionar sobre el hombre, su esencia y todo lo superfluo que nos envuelve.
Saint-Exupéry también escribió una obra: “Tierra de hombres” donde, en base a sus experiencias, desgrana sus ideas humanistas. Un libro directo y sencillo de leer pero impregnado de un sutil y bello lirismo. En esta obra reflexiona sobre el ser humano y la necesidad de unirnos en busca de un mundo mejor, un mundo más justo. ¿Es esto una utopía?
Muchos lo han pensado, menos lo han intentado, pero… ¿realmente puede funcionar? ¿Podemos lograrlo? Se dice que un pesimista es un realista bien informado. La realidad que percibo me haría parecer un pesimista cuando digo que no se puede lograr este objetivo. La idea en si es perfecta, incluso plausible, solo hay un problema: el hombre. Precisamente el centro de la ecuación, la eterna incógnita, el elemento imprevisible que lo desbarata todo e impide una solución total.
¿Significa esto que debemos rendirnos y que todo vale en nuestra sociedad? Para nada. Tenemos la responsabilidad de buscar un mundo más justo, de hacer todo cuanto esté en nuestras manos para conseguirlo, aunque nademos contra corriente. Esto es lo que define la mejor esencia del ser humano, la solidaridad que pugna contra nuestro natural egoísmo.
Yo lucho y os animo a vosotros a seguir luchando, primero contra nosotros mismos, contra todo aquello que nos encierra en la burbuja del egoísmo, a mi me gustaría morir “con las botas puestas”. Después ayudando a otros en nuestra esfera personal.
Un día Dios restablecerá y construirá un mundo plenamente justo, basado en el amor, y donde no habrá ningún mal. Donde las injusticias desaparecerán en el olvido. Esta es mi esperanza, y deseo que también sea la vuestra.
En Apocalipsis 21:5 leemos: “Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.”
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