Los que somos, lo que hacemos y muchas cosas que nos pasan dependen de un cumulo de elecciones. La mayoría de las elecciones que tomamos son intrascendentes: ¿con qué me visto?, otras tiene cierto impacto: ¿Qué cómo?, y otras son sencillamente fundamentales para nuestra vida ¿Qué estudio?...
Es cierto, hay cosas que escapan absolutamente a nuestro control y que cambian nuestras vidas en una milésima de segundo. Hechos que no dependen de nuestras decisiones. Se trata de cosas que no podemos cambiarlas y no podemos anticiparlas, pero hay otras que si.
Qué hago con mi tiempo, o cómo trato a los que me rodean, en qué uso mi dinero, son áreas que engloban gran parte de nuestra vida cotidiana y es precisamente en ellas donde se fraguan nuestras decisiones diarias. Así, de una manera continua vamos escribiendo los caminos que van conformando nuestras vidas.
Junto con la elección viene la indecisión. Esta no solo se da antes sino después. A veces nos invade la sensación de no haber elegido bien, pensamos que podríamos haber hecho otra cosa y eso nos desalienta, algunos incluso viven gran parte de su vida en esa situación sin poder o a veces sin querer salir de ella.
Hace unos años vi en un programa de “Redes” una experiencia a cerca de las decisiones que me llamó mucho la atención. Se trataba de un experimento en el que habían separado a un grupo de personas en dos grupos. A cada uno se les dio una cámara de fotos y se les permitió hacer un número de fotos. De ellas tenían que elegir dos, y de ellas tenían que entregar la que menos les gustase a los organizadores del experimento y quedarse con la que más se sintiesen satisfechos. La diferencia es que a un grupo se les dijo que la decisión que tomasen no se podía cambiar y al otro se les dijo que si, que después de decidir podían cambiar sui elección. El grupo que solo podía hacer una elección resulto ser el que más satisfecho estaba con la decisión que había tomado, mientras que en el grupo que podía cambiar de opinión se advirtió que no se sentían seguros de haber elegido la mejor foto.
El poder elegir trae consigo el sentirnos inseguros, y esto es algo que no podemos cambiar. Pienso que no debemos obsesionarnos con las decisiones que ya tomamos, pero si ser responsables con las que aún están por tomar.
Sin embargo me gustaría dejaros con un pensamiento, de mi mejor decisión. De todas las decisiones que podáis tomar hay una de la que nunca os arrepentiréis, y es escoger a Dios.
“…elegid hoy a quién vais a servir (...) Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor.” Josué 24:15
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