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sábado, 8 de enero de 2011

Pronto seremos 7000 millones


Así reza el título del últimonúmero de la revista National Geographic (España, Enero 2011). Todavía recuerdo, cuando en el año 2000, llegamos a los 6000 millones y se debatía con alarma esta cifra. ¿Es una cifra más? ¿Un simple dato estadístico sin más? En realidad es una cifra más. A los seres humanos nos gustan las cifras, sobre todo las redondas, aunque esta realmente alarma.
                ¿Tiene la Tierra capacidad para albergar a tantas personas? ¿Se agravará la pobreza, o los problemas medioambientales?, ¿Habrá guerras por el agua?... Solo algunas de las preguntas que nos vienen a la cabeza y no siempre tenemos respuestas seguras. A veces solo tenemos modelos, previsiones de lo que a ocurrir. Sabemos que las cifras seguirán creciendo e incluso se estima, en 9000 millones, la población de 2045.
                Hace 10 años por estas fechas preparaba un examen de Geografía de la Población y recuerdo como las cifras, las formulas volaban en mi cabeza. Es el mundo de la estadística, todo lo mesura, crea medias, proporciones, tendencias, con el lenguaje de los números. Pero detrás de las cifras hay personas, hay familias, hay dramas en un mundo que pendula en una balanza adulterada, donde la injusticia es la norma.
                La tierra es generosa cuando el hombre también lo es. Cuando la contaminación o la sobreexplotación no la ahogan. No sé dónde estará el limite pero la tierra tiene recursos, solo que mal distribuidos. No existe una voluntad para una justa distribución, no hay ganas de hacer algo a cambio de nada. “Primero yo y luego los demás”, el problema es que nuestro “yo” es muy grande y nunca parece tener suficiente.
                Existen rayos de luz, personas que luchan contra un sistema que es una barrera infranqueable, que chocan una y otra vez con el muro del egoísmo que nos define como seres humanos. No sé si pecare de pesimista, pero, como humanidad,parecemos abocados al desastre. Quizá salvaríamos a otros si de ello dependiera nuestra vida, pues bien puede que esto esté más cerca de lo que creemos.
Aunque mi esperanza no está en este mundo, no debo quedarme cruzado de brazos. Dice el Señor:

“El ayuno que a mí me agrada consiste en esto: en que rompas las cadenas de la injusticia y desates los nudos que aprietan el yugo; en que dejes libres a los oprimidos y acabes con toda tiranía; en que compartas tu pan con el hambriento y recibas en tu casa al pobre sin techo; en que vistas al que no tiene ropa y no dejes de socorrer a tus semejantes.”                                                                                   Isaías 58:6-7

miércoles, 5 de enero de 2011

El humanismo en busca de un mundo mejor

Podría ser un tema bastante difícil de explicar, pero no me extenderé mucho. Siempre me llamó la atención el humanismo; su idea de colocar al hombre en el centro de todo, y así solucionar los problemas más acuciantes que nos ahogan como sociedad y como individuos. En un principio el humanismo no estaba desligado de la religión, sin embargo el humanismo que impera hoy es laico.
Muchos han sido los autores que han construido estas ideas desde el renacimiento. Entre mi biblioteca se encuentran los libros de Antoine de Saint-Exupéry, uno de esos hombres totales que de vez en cuando arroja la historia: pionero de la aviación, inventor, escritor y periodista que murió en un vuelo de reconocimiento hacia el final de la 2ª Guerra mundial. Sin embargo todos le recuerdan por ser el escritor de “El Principito”; esa obra de corte infantil pero con una profundidad que nos hace reflexionar sobre el hombre, su esencia y todo lo superfluo que nos envuelve.
Saint-Exupéry también escribió una obra: “Tierra de hombres” donde, en base a sus experiencias, desgrana sus ideas humanistas. Un libro directo y sencillo de leer pero impregnado de un sutil y bello lirismo. En esta obra reflexiona sobre el ser humano y la necesidad de unirnos en busca de un mundo mejor, un mundo más justo. ¿Es esto una utopía?
Muchos lo han pensado, menos lo han intentado, pero… ¿realmente puede funcionar? ¿Podemos lograrlo? Se dice que un pesimista es un realista bien informado. La realidad que percibo me haría parecer un pesimista cuando digo que no se puede lograr este objetivo. La idea en si es perfecta, incluso plausible, solo hay un problema: el hombre. Precisamente el centro de la ecuación, la eterna incógnita, el elemento imprevisible que lo desbarata todo e impide una solución total.
¿Significa esto que debemos rendirnos y que todo vale en nuestra sociedad? Para nada. Tenemos la responsabilidad de buscar un mundo más justo, de hacer todo cuanto esté en nuestras manos para conseguirlo, aunque nademos contra corriente. Esto es lo que define la mejor esencia del ser humano, la solidaridad que pugna contra nuestro natural egoísmo.
Yo lucho y os animo a vosotros a seguir luchando, primero contra nosotros mismos, contra todo aquello que nos encierra en la burbuja del egoísmo, a mi me gustaría morir “con las botas puestas”. Después ayudando a otros en nuestra esfera personal.
Un día Dios restablecerá y construirá un mundo plenamente justo, basado en el amor, y donde no habrá ningún mal. Donde las injusticias desaparecerán en el olvido. Esta es mi esperanza, y deseo que también sea la vuestra.
En Apocalipsis 21:5 leemos: “Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.”