jueves, 6 de enero de 2011

Una nueva oportunidad

Hace unas horas leí [1] que Chris Dyer, jefe de la estrategia en la escudería de Fórmula 1 de Ferrari, ha sido despedido. Hasta aquí nada nuevo, seguro que tendrá una buena remuneración y seguro que su preparación le hará trabajar pronto. En si es un despido más, pero este no viene motivado por la situación macroeconómica actual sino porque su cálculos en la última carrera de la temporada fueron una de las causas que Fernando Alonso perderse el título en la última carrera, cuando todo parecía estar de cara. El deporte es así todo puede cambiar en una décima de segundo. En este caso hay muchos más factores además del error de este ingeniero.
No es el drama de un despido (hay muchos más y mucho peores) lo que me llamó la atención de esta noticia, sino el reflexionar sobre la cuerda floja en la que nos movemos.
Ni un milímetro de error. Ese es el margen que nos da la vida. En este mundo competitivo donde un cálculo supone la gloria o la ruina, la victoria, o la decepción mas apabullante. Nos movemos en una delgada línea, la presión es para muchos el pan de cada día. Es cierto que no todos tenemos una espada de Damocles tan grande y tan poco afianzada como este ingeniero, pero en algún momento hemos experimentado la gravedad de un error. Ciertamente una mala decisión que puede cambiar el rumbo de nuestra vida en un instante.
Muchas veces la vida no nos da segundas oportunidades,  y el que se equivoca es pisado por los demás, sirviendo de escalón para otros, tal es el mundo que hemos construido y en  el que nos movemos. El error es algo inherente al ser humano, forma parte de su esencia, de lo que somos. A pesar de nuestra inteligencia nuestras decisiones se mueven por muchos factores, y la razón no siempre es el predominante. No somos maquinas programadas con unas directrices inamovibles, pensamos, razonamos, elegimos e inevitablemente nos equivocamos. Somos así y no podemos cambiarlo, “el que tiene boca se equivoca”. Es más, cuantas veces no nos volvemos a equivocar donde antes nos habíamos equivocado: no aprendemos de nuestros errores.
El problema se agrava cuando nuestras decisiones afectan a los demás, cuando sin quererlo hacemos daño a os que nos rodean. Esto es algo más difícil de llevar.
Hay también errores y errores, algunas decisiones nos destruyen poco a poco, y nos llevan de mal en peor. Como creyente experimento esto en mi vida, y hay malas decisiones  de carácter moral a las que llamamos pecados. La buena noticia es que aunque esta vida no te de una segunda oportunidad Dios si lo hace, y una tercera y una cuarta…El perdón de Dios restaura y da paz al corazón.

“Venid, pongamos las cosas en claro—dice el Señor—¿Son vuestros pecados como escarlata?¡Quedarán blancos como la nieve!¿Son rojos como la púrpura?¡Quedarán como la lana!”  Isaías 1:18

miércoles, 5 de enero de 2011

El humanismo en busca de un mundo mejor

Podría ser un tema bastante difícil de explicar, pero no me extenderé mucho. Siempre me llamó la atención el humanismo; su idea de colocar al hombre en el centro de todo, y así solucionar los problemas más acuciantes que nos ahogan como sociedad y como individuos. En un principio el humanismo no estaba desligado de la religión, sin embargo el humanismo que impera hoy es laico.
Muchos han sido los autores que han construido estas ideas desde el renacimiento. Entre mi biblioteca se encuentran los libros de Antoine de Saint-Exupéry, uno de esos hombres totales que de vez en cuando arroja la historia: pionero de la aviación, inventor, escritor y periodista que murió en un vuelo de reconocimiento hacia el final de la 2ª Guerra mundial. Sin embargo todos le recuerdan por ser el escritor de “El Principito”; esa obra de corte infantil pero con una profundidad que nos hace reflexionar sobre el hombre, su esencia y todo lo superfluo que nos envuelve.
Saint-Exupéry también escribió una obra: “Tierra de hombres” donde, en base a sus experiencias, desgrana sus ideas humanistas. Un libro directo y sencillo de leer pero impregnado de un sutil y bello lirismo. En esta obra reflexiona sobre el ser humano y la necesidad de unirnos en busca de un mundo mejor, un mundo más justo. ¿Es esto una utopía?
Muchos lo han pensado, menos lo han intentado, pero… ¿realmente puede funcionar? ¿Podemos lograrlo? Se dice que un pesimista es un realista bien informado. La realidad que percibo me haría parecer un pesimista cuando digo que no se puede lograr este objetivo. La idea en si es perfecta, incluso plausible, solo hay un problema: el hombre. Precisamente el centro de la ecuación, la eterna incógnita, el elemento imprevisible que lo desbarata todo e impide una solución total.
¿Significa esto que debemos rendirnos y que todo vale en nuestra sociedad? Para nada. Tenemos la responsabilidad de buscar un mundo más justo, de hacer todo cuanto esté en nuestras manos para conseguirlo, aunque nademos contra corriente. Esto es lo que define la mejor esencia del ser humano, la solidaridad que pugna contra nuestro natural egoísmo.
Yo lucho y os animo a vosotros a seguir luchando, primero contra nosotros mismos, contra todo aquello que nos encierra en la burbuja del egoísmo, a mi me gustaría morir “con las botas puestas”. Después ayudando a otros en nuestra esfera personal.
Un día Dios restablecerá y construirá un mundo plenamente justo, basado en el amor, y donde no habrá ningún mal. Donde las injusticias desaparecerán en el olvido. Esta es mi esperanza, y deseo que también sea la vuestra.
En Apocalipsis 21:5 leemos: “Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.”

lunes, 3 de enero de 2011

Solos en medio de una multitud

No sé si os ha pasado alguna vez, a mi sí. Estoy en un lugar con mucha gente rodeado de voces, de risas y de pronto me siento solo. Mis sentidos perciben todo lo que está pasando a mi alrededor, pero es como si mi mente se desconectase de todo involuntariamente, y me sintiese más solo que nunca. Como si estuviese perdido en medio de un montón de gente.
Somos seres sociales, esto nos define como humanos, necesitamos relacionarnos, sentir a los demás a nuestro lado, pero más que su presencia física necesitamos la seguridad de su apoyo. Deseamos profundamente que los demás nos comprendan, que nos entiendan y nos den su apoyo. En cierta medida nuestra propia imagen depende de cómo nos ven los demás. ¿Qué entendemos por la soledad?
La soledad es el sentimiento de encontrarnos desconectados de todas las personas que nos rodean, no implica solo una falta de presencia física, sino también el sentir la falta de apoyo de los demás. A veces la soledad es un estado autoimpuesto, pero no es este el principal origen de la soledad.
Ahora que estamos en el umbral de los 7000 millones de habitantes en el Planeta, cada vez más personas se sienten solas. Hoy, en nuestro mundo, se han acortado las distancias drásticamente: podemos cruzar un océano en cuestión de horas. Incluso la distancia más corta entre las personas es una llamada de teléfono. Podemos estar siempre localizables, pero no siempre estamos en “disponibles”. Esta es una gran paradoja de nuestro  mundo.  Nunca hemos vivido con tal nivel de comunicación, pero nunca nos hemos sentido más solos. Nuestro estilo de vida ha potenciado una fuerte individualidad que nos aísla. La realidad es que vivimos sobreocupados, con tantas cosas que hacer, que cada vez dedicamos menos tiempo a los demás.
Establecer un cambio de prioridades puede ser el comienzo para dar a los demás la atención que merecen. De esta manera fortaleceremos nuestra componente social, que es tan esencial para nuestro desarrollo completo y armonioso.
En lo personal creo que nunca podemos sentirnos del todo solos, no importa en qué circunstancias nos movamos o por qué estemos pasando. Hay alguien que nos quiere, que se preocupa por nosotros y esta siempre a nuestro lado. Dios nos dice por boca del profeta Isaías:

"¿Acaso se olvidará la mujer de su bebé, y dejará de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque ellas se olviden, yo no me olvidaré de ti. (Isaías 49:15) 

domingo, 2 de enero de 2011

¿Somos envidiosos por naturaleza?

El último estudio del catedrático de Antonio Cabrales [Departamento de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M)] asegura que la envidia está “codificada en los genes”. [1]
La envidia es una de los defectos que son atribuidos a los españoles. El escritor argentino José Luis Borges dijo: "El tema de la envidia es muy español. Los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen: Es envidiable." No sé si será verdad (no puedo opinar imparcialmente), pero en cierto grado es un defecto humano. La envidia es citada como uno del los siete pecados capitales.
El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la envidia como: Tristeza o pesar del bien ajeno; emulación, deseo de algo que no se posee.
La envidia no es solo el deseo de tener, sino tener más que el otro. De esta manera nunca tenemos suficiente, nunca nos saciamos. ¿Sera por esto que aun teniendo lo sufriente nunca nos sentimos  satisfechos?
La envidia, dice el estudio, motiva nuestras acciones, mucho mas incluso de lo que pensamos. Se convierte así en una fuerza que nos dirige, y nunca en una buena dirección. La envidia nos lleva a un pozo sin fondo, a un lugar de insatisfacción plena donde nunca nada es suficiente. ¿Cuál podrá ser el antídoto para tal veneno?; me acuerdo de las palabras anomias que todos conocemos pero que rara vez aplicamos “No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita”.
El conformarnos, el decir basta es una extraña vocación, mas aún hoy donde el dinero construye nuestro estatus, donde el tener da forma a nuestra identidad, alejándonos de la invisibilidad del anonimato.
Creo que debemos reflexionar sobre lo que tenemos y si nuestras búsquedas no van en la dirección equivocada. ¿Qué es lo que nueve tu vida?, ¿Hacia dónde te mueves?...
Me gustaría dejaron con las inspiradas palabras de Santiago 3:16 donde se dice: “Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas”

El valor de una elección

Los que somos, lo que hacemos y muchas cosas que nos pasan dependen de un cumulo de elecciones. La mayoría de las elecciones que tomamos son intrascendentes: ¿con qué me visto?, otras tiene cierto impacto: ¿Qué cómo?, y otras son sencillamente fundamentales para nuestra vida ¿Qué estudio?...
Es cierto, hay cosas que escapan absolutamente a nuestro control y que cambian nuestras vidas en una milésima de segundo. Hechos que no dependen de nuestras decisiones. Se trata de cosas que no podemos cambiarlas y no podemos anticiparlas, pero hay otras que si.
Qué hago con mi tiempo, o cómo trato a los que me rodean, en qué uso mi dinero, son áreas que engloban gran parte de nuestra vida cotidiana y es precisamente en ellas donde se fraguan nuestras decisiones diarias. Así, de una manera continua vamos escribiendo los caminos que van conformando nuestras vidas.
Junto con la elección viene la indecisión. Esta no solo se da antes sino después. A veces nos invade la sensación de no haber elegido bien, pensamos que podríamos haber hecho otra cosa y eso nos desalienta, algunos incluso viven gran parte de su vida en esa situación sin poder o a veces sin querer salir de ella.
Hace unos años vi en un programa de “Redes” una experiencia a cerca de las decisiones que me llamó mucho la atención. Se trataba de un experimento en el que habían separado a un grupo de personas en dos grupos. A cada uno se les dio una cámara de fotos y se les permitió hacer un número de fotos. De ellas tenían que elegir dos, y de ellas tenían que entregar la que menos les gustase a los organizadores del experimento y quedarse con la que más se sintiesen satisfechos. La diferencia es que a un grupo se les dijo que la decisión que tomasen no se podía cambiar y al otro se les dijo que si, que después de decidir podían cambiar sui elección. El grupo que solo podía hacer una elección resulto ser el que más satisfecho estaba con la decisión que había tomado, mientras que en el grupo que podía cambiar de opinión se advirtió que no se sentían seguros de haber elegido la mejor foto.
El poder elegir trae consigo el sentirnos inseguros, y esto es algo que no podemos cambiar. Pienso que no debemos obsesionarnos con las decisiones que ya tomamos, pero si ser responsables con las que aún están por tomar.
Sin embargo me gustaría dejaros con un pensamiento, de mi mejor decisión. De todas las decisiones que podáis tomar hay una de la que nunca os arrepentiréis, y es escoger a Dios.
“…elegid hoy a quién vais a servir (...) Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor.” Josué 24:15

viernes, 31 de diciembre de 2010

Los números de los girasoles

He fotografiado algunos girasoles, la mayoría de tipo ornamental que son más pequeños; son más llamativos los que se pueden encontrar en las grandes extensiones de cultivo, ahora veremos por qué. Cuando plantas tu objetivo tan cerca de esa maravilla de la naturaleza te das cuenta de que hay algo especial, una especie de complejidad armónica que te cautiva. La siguiente reflexión no es una oda al girasol, aunque pueda parecerlo.
Estudiando más acerca de esta maravilla natural te das cuenta de que hay, en el girasol, una perfecta simetría.  Se han contabilizado 21 espirales que giran en sentido del reloj y 34 que lo hacen en sentido inverso. Parecen una serie de números al azar pero pertenecen  a la secuencia de Fibonacci por la que se hizo famoso el matemático italiano Leonardo de Pisa.  En el siglo XIII, este matemático, que introdujo el uso del sistema de numeración arábiga en Europa, estableció esta sucesión donde cada término es la suma de los dos anteriores (1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34…). Se sabe que matemáticos indios del siglo tercero a.C. ya conocían esta sucesión. Un patrón matemático presente en el diseño de muchos elementos de la naturaleza, como en la disposición de las hojas en un tallo o la alcachofa.[1]
¿Cuál es la función de este diseño? Las espirales de los girasoles disponen las semillas de la forma más eficiente posible en base al espacio del que disponen. Una maximización del espacio, es decir, más con menos.
La naturaleza siempre ha sido una constante fuente de inspiración para el hombre, y los girasoles no podían ser menos. Las modernas plantas de energía solar actúan del mismo modo que el girasol, orientando sus paneles en busca de la mejor posición para recibir los preciados rayos del sol.
Otra pregunta que nos podríamos hacer es ¿de dónde ha salido este diseño? Los científicos naturalistas entienden que forma parte de las leyes naturales que lo impregnan todo. Los científicos creacionistas ven en ello una muestra de un Diseñador Inteligente que obra de forma maravillosa en la naturaleza.
“Y dijo Dios: «¡Que haya vegetación sobre la tierra; que ésta produzca hierbas que den semilla, y árboles que den su fruto con semilla, todos según su especie!»Y así sucedió. Comenzó a brotar la vegetación: hierbas que dan semilla, y árboles que dan su fruto con semilla, todos según su especie. Y Dios consideró que esto era bueno.” (Génesis 1:11-12)
Yo soy de los que ven un diseño inteligente en la naturaleza, un diseño que, aun en su imperfección, nos revela una vislumbre de cómo fue creado. Ya sea que pienses así o no, disfruta de la naturaleza y sus maravillas.


jueves, 30 de diciembre de 2010

Lo que envuelve la navidad

Nos encontramos en navidad, nadie lo podría negar…sales a la calle y las luces te lo indican, vas a comprar y todo te lo recuerda: estamos en Navidad, y si hace un poco de frio. Sin embargo, en estos días de frio lo que más tiembla son nuestras carteras, ante las “obligadas” compras.
Son épocas de reuniones familiares, de encontrarnos aquellos que estamos lejos. La familia y los amigos se reúnen en torno a mesas que sobrepasan por mucho nuestras necesidades alimenticias. También son momentos de buenos deseos, que muchas veces se quedan solo en deseos.
La navidad es también época de excesos, con la comida, y con el alcohol, de gente que pierde el control y otros que pierden la vida. Muchos odian estas fechas asqueados del consumismo y de la hipocresía que a veces se instala entre nosotros, y no les falta parte de razón, pero ¿es que acaso podemos esperar algo más de la navidad?
Cuando pienso en todo lo que rodea a la navidad no puedo sino pensar que es como un envoltorio, y que lo más importante de todo está bajo capas y capas de superfluo envoltorio, y lo peor de todo es que nos quedamos allí, y algunos se conforman. La navidad es un regalo que casi nunca llegamos a abrir. Es el regalo que se queda solo bajo el árbol de los regalos, como un solitario y triste recuerdo de que hay algo en nuestras vidas que no llegamos a alcanzar y llenar. Y no porque no podamos, sino porque antes cogemos todos esos regalos que relucen por fuera, pero dan un regusto amargo, todas esas cosas con las que llenamos nuestras vidas y que no satisfacen. El verdadero regalo sigue estando allí…
La navidad  para mi es recordar que Jesús vino a salvarnos a ti y a mi (aunque sabemos  que no fue en estas fechas). Es aceptarlo en nuestras vidas. Es sentirse amados por Aquel que nos creó. Ya lo anunció el profeta Isaías hace casi 3000 años:
“Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.”  Isaias 9:6

Este regalo da sentido a nuestras vidas, es gratuito, nunca te decepciona y lo puedes compartir con los demás y seguirá siendo tuyo. No dejes que esta navidad se quede allí olvidado.